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¿Una carta de amor viajero?

¿Una carta de amor viajero?

Cuando alguien viaja a menudo ya sea en viajes largos o cortos, se enfrenta a situaciones en las que uno no espera encontrarse hasta que ocurren, otras en las que uno “se prepara” inconscientemente porque ya sabe de antemano que tarde o temprano llegan, como las incomodas despedidas, pero…

amor viajero

En esta ocasión y basándome en la experiencia más reciente, quiero hablar del tópico “amor viajero” e intentar de algún modo, expandirme en ese concepto y no centrarme solamente en una pareja que sin querer queriendo, se forma entre un telón de paisajes y experiencias, de inocentes sonrisas e íntimos momentos…

amor viajero

Hablamos de un viaje en el que un grupo de personas de diferentes países van a conocerse y compartir unos días explorando un lugar tan asombroso e impactante como Senegal y, quizás ese pequeño detalle, el de descubrir juntos un rincón de África, fuere el detonante de un amor fuera del concepto más “habitual”.

En fin, vamos a escribir sobre ello:

amor viajero

Muchos ya se conocen desde hace unos días los cuales compartieron en Barcelona pero por mi parte, muchos nombres a memorizar, timidez y dificultad para ser yo mismo.

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Las primeras 48 horas pasan casi sin darme cuenta y poco a poco la confianza nos permite a todos ser un poco más “uno mismo”, excepto Pau (tan extrovertida ella) que con una guitarra en mano y una playa como escenario, sin timidez alguna… rompe a cantar y de algún modo, empuja a cantar a los demás.

amor viajero

Por el momento no se manifiesta el amor por ninguna parte pero es solo cuestión de tiempo, de paisajes y momentos que desconocemos que ocurrirán…

amor viajero

Con el paso de los días, tres chicas y yo nos vemos formando un grupo de cuatro. En realidad ellas tres iban juntas todo el rato y yo quería estar con ellas, no sabría decir porque… pero era lo que quería de modo que en el bus me daba la vuelta para hablar con ellas, escucharlas cantar y reírnos.

Vendito el momento en el que eligiendo casitas en Dindefelo, grite a voces literalmente “¿¡puedo ir con vosotras!?” mientras agarraba la mochila del suelo para salir corriendo tras ellas. Y así comenzó todo.

amor viajero

Desde entonces empezamos a convivir en un espacio reducido, sin apenas lugar para la intimidad y un calor tan sofocante que invitaba a estar con el mínimo de ropa.

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Ellas dormirían en una cama grande y yo dormiría en una pequeña, algo que no duraría mucho tiempo pero bueno, no quiero anticiparme. Primero quiero hablarles de cómo sin darnos cuenta surgía una unión familiar, como si de hermanos se tratara.

Las idas y venidas a la cascada, los paseos por la selva, sentados siempre juntos para comer y cenar… insisto, siempre juntos hasta el punto de exigir que nos dejaran estar JUNTOS si en algún alojamiento solo había habitaciones para tres.

amor viajero

De algún modo congeniamos al cien por cien y durante un mes, con excesos de confianza cual primos o amigos de toda la vida, disfrutábamos cada momento ya fuera un paseo en carro tirado por un caballo o charlas y canticos en el bus.

amor viajero

Risas durante los baños en piscina y playa, metiéndonos unos con otros para incordiar sin intenciones de ofender nunca  a nadie, compartir toda comida y bebida…

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Al principio no pero con los días, estar en ropa interior por la casa cual pareja que lleva años conviviendo juntos ya era normal.

También sufríamos entre sudores el calor de medio día, los mosquitos, algún momento de agobio, estrés, y más de un problema en los que nos vimos involucrados, buscando alojamiento en una ciudad donde nadie nos entendía o cuando mi pequeña Caterina perdió su pasaporte. Todo fuera por la familia que estaba resurgiendo de las mil y una aventuras que nos brindaba Senegal.

amor viajero

En los últimos días cuando las tediosas despedidas se aproximaban, nos dimos cuenta de cuanto nos queríamos unos a otros, de las ganas que teníamos de permanecer juntos, Caterina, Josefina, Paula, Angélica (quien se unió a la familia en los últimos 15 días) y yo.

amor viajero

Empezaban a decirse frases como “No me quiero ir”, “no me quiero separar de ustedes”, “los quiero”… y de alguna forma a lo largo del viaje se manifestó un amor viajero que nos unía a todos de un modo que al menos a mí, no me había ocurrido antes.

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Las compras en el supermercado que tanto me agobiaron, los ratitos que pasamos en el orfanato, las horas y horas en el bus, las caminatas y las noches bajo un mismo techo… nos unieron para siempre, lo sé, y escribiendo estas palabras desde mi escritorio unas 48 horas después de haberme separado de ellas, las extraño muchísimo.

amor viajero

Cual caja de pandora y con sorpresas por ofrecer, la magia del momento, del presente que vivíamos con una intensidad superlativa y el embrujo del lugar en lo más profundo del País Bassari, todo eso… brindó mucho más amor para quienes se dejaron conquistar por éste.

amor viajero

Y es que de alguna manera… mi mirada se desviaba de aquello que todo el mundo miraba, de hecho mis fotografías me delataban mostrando a una persona en concreto. Cuando revisaba las fotos en la cámara podía ver a alguien con más frecuencia que a las demás.

Una espalda, una silueta, un rostro… que se repetía una y otra vez. Fotografías que miraba con más detenimiento que las demás.

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No entrare en detalles de lo que ocurrió en Dindefelo y que nos brindó la “casual oportunidad” de compartir cama, algo que benefició a toda la familia ya que con el calor que hacía, dos de ellas dormirían más anchas, mientras nosotros dos pasaríamos más calor (algo que nos importaba más bien poco) pero juntos y abrazaditos, que era lo importante.

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Entre caricias y miradas que desataban pasión, todo quedaba ahí ante la falta de intimidad ya que como bien sabréis a estas alturas del relato… no estábamos solos, por ahora.

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Noches después si se dieron con total intimidad. Noches inolvidables, inocentes, cálidas… Noches en pareja. Ambos sabíamos lo que ocurría, siempre fuimos conscientes de que nos unía un viaje con una fecha de inicio y una fecha de regreso a nuestras casas. Nuestros lugares de procedencia separados por el Océano Atlántico Norte.

amor viajero

Quizá por eso todo empezó cual aventura que surgía en Senegal y ahí debía quedarse, como un capítulo más en nuestras vidas pero, así empezó. La incógnita aún persiste a día de hoy en el “como terminó”, o si terminó, o sigue ahí aguardando a resurgir de entre las cenizas, en otra ocasión, otro lugar, en un futuro.

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Supongo que así son los amores viajeros, aquellos que se dan en unas condiciones y periodos de tiempo establecidos, que de algún modo (al concluir el viaje) no permiten una continuidad o contacto físico hasta quien sabe cuándo.

Es algo que a sabiendas de su brevedad (dependiendo de cuan largo o corto sea el viaje en el que uno se aventura), se vive con mayor intensidad, a cada instante.

amor viajero

Se trata de un sentimiento que puede incluso dar miedo, por aquello de “¿y qué pasará después?”, por miedo a extrañar a esa persona mientras quedas en el olvido (sentimentalmente hablando, obvio que no te olvidarían jamás tras una experiencia así), o no…

amor viajero

¿Cuál será el punto de vista de la otra persona?

Pueden surgir dudas hasta el punto de no saber con certeza si solo fue un amor de viaje, durante un viaje y ya está o algo más.

amor viajero

Dudar entre si querrías o no, que fuera algo más que una aventura que se queda atrás, debido a la distancia y las vidas que cada uno tenía antes del viaje, un día a día, una realidad a la que se regresa al concluir una luna de miel entre dos desconocidos.

amor viajero

Pd: Con afecto y cariño, un cálido abrazo para mis cotingas y mi yogurin.

Fdo: Vuestro Chiwi, tu Masmelo.

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