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No hace falta dar la vuelta al mundo, basta con tener hermanos.

Y es que sí, yo sueño con todo eso… dar la vuelta al mundo, viajar toda la vida, vivir a costa de los viajes, vender 2 libros y dar ponencias en charlas viajeras para motivar a la gente a viajar y salir de su zona de confort. También quiero una furgoneta y a poder ser camperizada y esa persona perfecta para compartir el viaje.

Sin embargo esta reflexión va un poco… encaminada hacia otro lado. Basada en hechos recientes no muy lejos de mi casa, concretamente a 162km. Teniendo en cuenta que hace un año me encontraba a 12.539,50 km, una distancia de tres cifras es poquita cosa.

Hace poco, estuve con mi hermano Isaac y Jake en los pirineos. “Ir a ver nieve” era la excusa para tal escapada de un día, sin saber muy bien que haríamos. Lo que si sabíamos es que nos hartaríamos a reír y Jake disfrutaría de la nieve cual niño con su primera piruleta.

Con intención de ver un lago decidimos ir al Parque Nacional de Aigües Tortes i Estany de Sant Maursici (Aguas Torcidas y Embalse de San Mauricio), con la siguiente sorpresa: El acceso estaba cerrado para vehículos debido a las fuertes nevadas días anteriores.

Aparcamos en un pueblo llamado Espot y de ahí comenzó la aventura.

Los primeros metros fueron un poco difíciles. Al rato nos acostumbramos a caminar sobre la nieve y el cuerpo entró en calor de modo que se nos fue haciendo más fácil y entretenido avanzar.

Que tiene que ver el título de este post con el contenido? Pues lo que yo recuerdo de ese día que viene siendo:

  • Una procesión de tonterías que fuimos largando durante todo el día y que nos hicieron reír hasta caer tumbados.

  • Recuerdo un telón de paisajes adornando nuestro camino cuya belleza estaba… “a un nivel superlativo.” Éstos se formaban por muchos no, muchísimos árboles de navidad, infinitos árboles de navidad protegidos por grandes y nevadas montañas que dan a luz un sigiloso río, el río Escrita.

No es cierto del todo ya que en realidad el Río nace del Embalse de San Mauricio, lugar al que pretendíamos llegar.

Pensar en ese día me hace reflexionar sobre algunos pequeños detalles como por ejemplo:

  • Cómo habría sido viajar por Argentina y Chile con Jake? o con mis hermanos… o todos juntos!
  • Esa vuelta al mundo que siempre imaginé yo solo con mi mochila, cómo sería con ellos?

Si algo es cierto es que no hace falta dar la vuelta al mundo para ver cosas que sorprenden, como este árbol.

No hace falta ir lejos para hacer cosas divertidas y escapar de la rutina, como cuando intentábamos mediante bolas de nieve y un tiro certero, provocar el desprendimiento de la nieve que yacía en las ramas con una única intención: que cayera encima del otro.

Él lo intentó varias veces más que yo mientras yo sacaba fotos y esquivaba aquellas ramas más grandes por si acaso acertaba con una de sus bolas y se me caía toda la nieve encima.

No hace falta gastar dinero en exceso pues con muy poquito pudimos pasar un día genial, sin restaurantes caros ni calentitos pero comiendo un riquísimo bocadillo de tortilla bajo el porche de un refugio.

No hace falta ser un experto en viajes ni montañas, no hace falta pelear con visados ni aduanas, no hace falta ser atleta para llegar a lugares cuyas vistas de un lago son tan maravillosas como lo fueron ese fin de semana, tal que:

Yo creo que con un poquito de tiempo libre, ganas de caminar, un espíritu explorador y curiosidad por ver y conocer, es suficiente para empezar a salir de las grandes ciudades o del pueblito donde pasamos prácticamente todos los días… Basta con un hermano o una hermana que te diga “¡¡vamos!!”

Y así se da lugar a dunas de nieve, sin quererlo ni beberlo te encuentras con rocas que llevan un gorrito de nieve y paisajes de postal navideña.

Lo que quiero decir es que:

  • Hay que disfrutar el momento, sea donde sea. No importa si estas en la otra punta del mapa o a cuatro pueblos de casa, lo importante es disfrutar con quien estés en ese momento, sea un viaje largo o un domingo cualquiera, ya fuere con amigos, familia, mascotas o solo…

En nuestro caso, la excursión duró unas 6 horas como mucho y la verdad es que cundieron muchísimo. Quizá no cuente como viaje pero si fue una escapada repleta de tonterías, muchas risas, curiosidades y rutina cero.

¡Ojalá fueran así todos los fines de semana!

2 Comentarios

  1. Sara Aguilar

    ¡Cuánta razón tienes! A mi marido y a mi nos encanta salir de excursión con nuestro perro Lincoln, la última que hicimos fue al lado de casa. Caminamos unas dos horas de ida y otras dos de vuelta, además aprovechamos un día festivo que estaba todo en calma y nos lo pasamos genial. Muchas veces no hace falta gastarse todos los ahorros para perderte y disfrutar de un día genial con los tuyos al lado.

    ¡Un saludo!

    Responder
    • Daniel

      Me alegra saber que lo disfrutasteis al máximo! 😉 Cuando yo vivía en Murcia me iba 3 tardes como mínimo a la sierra que hay a 10 minutos en coche y pasábamos la tarde unas corriendo otras andando monte arriba monte abajo XD Lástima que donde vivo ahora la montaña me queda a hora y media en coche XD

      Saludos!

      Responder

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