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Explorando el Amazonas entre Iquitos y Leticia

Explorando el Amazonas entre Iquitos y Leticia

Navegando de Pucallpa a Iquitos.

Algo que hacía mucho tiempo que tenía en mente era justo eso, adentrarme en el Amazonas. Hasta que no tome la decisión de viajar a Perú no tenía claro ni cuándo ni por cuál de los países pero, una vez en Perú el Amazonas se estableció como un destino obligatorio y que bajo ningún concepto podría perderme.

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En Perú hay dos puntos del mapa que la mayoría de gente elige para visitar el Amazonas, o por el sur desde Puerto Maldonado o por el norte en Iquitos. A día de hoy estos dos lugares son los más turísticos que yo sepa.

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Yo me decanté por Iquitos porque por esa zona transcurre el río Amazonas y desde que compre los billetes para Lima, tuve muy claro que quería ir a Iquitos en lancha desde Pucallpa descartando un vuelo directo desde Lima.

Después de haber recorrido el desierto en Bugy, de visitar ruinas Incas como Macchu Picchu o Vilcashuaman y de superar mi reto personal en cuanto a altitud subiendo a 5100 metros para ver la famosa montaña de 7 colores, me encontraba en por fin en Pucallpa con destino a Iquitos. El Amazonas aguardaba…

Nada más llegar a Pucallpa uno de los conductores de una mototaxi se ofreció a llevarme. Mi intención era quedarme en Pucallpa pero me dijo que justo ese día el ferri partía hacia Iquitos y decidí tomarlo.

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No tenía ni idea de como sería el ferri, estaba impaciente y no tardé en ver como sería mi próximo medio de transporte.

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Como no tenía Hamaca pasamos por el mercado a comprar una que valía 60 soles. Me pareció caro y al negarme pude comprarla por 50. Una vez en el ferri vi que las vendían por 25 y 30 soles algo que me habría gustado saber antes pero bueno, como dirían en Perú: “Ya fue”.

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Justo antes de embarcar, llovía a cantaros y el suelo resvalaba muchísimo a causa del barro. Con el peso de la mochila casi me caigo en varias ocasiones. La foto fue sacada en otro momento por Marcus, un compañero de viaje quien me pasó todas las fotografías que tomó con su cámara, después de que la mía fuese robada.

Después de pagar 100 soles y buscar un espacio libre para colocar mi hamaca ya estaba listo para disfrutar de la travesía que duraría 4 noches y 4 días comenzando por el río Ucayali y continuando por el río Amazonas.

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Lo que me sorprendió en ese momento fue la cantidad de gente que viajaba en el ferri (familias incluso), amontonadas ya fuera en hamacas o en el mismo suelo bajo éstas.

Son tantas las hamacas que durmiendo nos tocábamos unos a otros y con frecuencia se producía un balanceo efecto domino.

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Otra cosa que más que sorprenderme, me enfurecía… era ver la cantidad de basura que todo el mundo a excepción de unos franceses, un colombiano y yo (vamos… todos los peruanos), tiraban al río ignorando los cubos de basura para tal fin.

La gota que colmó el vaso fue ver como por la noche cuando “nadie te ve”, los trabajadores del ferri arrojaban todo el contenido de esos cubos (cubos de los grandes eh) por la borda.

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Ahí fue cuando no sabía si poner hojas de reclamación, denunciarlo en una comisaría o matarlos a todos… en fin, me limité a disfrutar del viaje y arrojar mi basura al cubo.

Durante este primer tramo de navegación (porque sabía que quedaban varios más en los próximos 20 días), conocí a Marcus (Polonia), Oliver (Colombia) y a un grupo de francesas cuyos nombres no recuerdo, con quienes compartí muchas horas de conversación y disfrutamos muchos anocheceres.

El paisaje que nos rodeaba era constante, de abajo a arriba: agua, árboles y cielo. Dependiendo del lado por el que se estuviera navegando, el telón de árboles corría de derecha a izquierda o viceversa.

anochecer en el amazonas

Lo que motivaba a no retirar la mirada como si de una hoguera se tratara, era ver (de repente) una pequeña comunidad de casitas, o simplemente un par de casitas, o una lancha amarrada a un palo frente a unos troncos de madera cuya función era la de escalera metiéndose en plena selva.

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Mi ilusión era ver monos, algo que a diferencia de cuando navegaba por el Delta de Saloum (Senegal), nunca ocurrió.

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El precio del pasaje por viajar en los ferris también incluye tres comidas diarias, las cuales dependiendo del cocinero de cada ferri, será mejor o peor.

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En el caso de este primer ferri la comida dejaba muchísimo que desear. Tanto que cuando el ferri hacía una de sus paradas (porque no van directos, van parando por distintos pueblos), compraba alguno de los menús que las señoras de ese pueblo subían a vender por 4 o 5 soles.

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El motivo de las paradas principalmente es que se van a cargar o descargar mercancías ya que no se trata de un ferri solamente de pasajeros sino más bien un carguero que acepta llevar pasajeros.

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El día 11 por la mañana llegábamos a Iquitos y Oliver, Marcus y yo nos fuimos con un periodista (Jeferson) al Carrusel, hostel que nos recomendó por su bajo coste (10 soles por noche).

Cuatro días en Iquitos donde comí gusanos por primera vez.

El motivo principal por el que estuve esos días en Iquitos y no me fui directo a Leticia, fue esperar a que Jeferson nos confirmara por teléfono si nos había conseguido, como lo llaman en Perú: Unos días de turismo vivencial, en alguna comunidad.

Eso quiere decir que convives con una familia, realizas las rutinas diarias que ellos hacen y de ese modo aprendes a vivir como ellos que para el caso, implicaba pescar, trabajar en la chacra y un etc que depende de la familia que te acoge.

Iquitos (Amazonas-Peru)

Yo tenía prisa por llegar a Leticia para sellar mi pasaporte. Ya me había pasado de los días que me habían otorgado para permanecer en Perú y, por cada día que me pasara de la fecha límite me cobrarían 4,20 soles de multa.

Iquitos (Amazonas-Peru)

Durante esos días, fuimos varias veces al mercado de Belén para pasear, comprar comida y/o comer ahí los menús a 4 soles, comprar tabaco y sobre todo, para probar los Surys fritos.

comiendo sury

El Sury es un gusano regordete de unos 5cm de largo por 1cm de ancho y que curiosamente es muy común comerlo en el Amazonas peruano. Hay quienes también los come vivos y afirman que sus aceite es bueno para la garganta etcétera pero yo preferí comerlo frito.

No sabría explicar su sabor pero si puedo afirmar que me gustó lo suficiente como para comerme tres sin poner caras raras. Quizá si fruncí un poco el ceño en el primero porque cuando muerdes su cabeza, cruje.

Iquitos (Amazonas-Peru)

Por lo demás se trata de una textura fácil de aceptar pensando que se trata de un gusano y como ya dije antes, me comí los tres que compré por tres soles empalados en un palillo largo. No los vi servidos en un plato con arroz, pollo ni nada parecido.

Iquitos (Amazonas-Peru)

Supongo que sería casualidad pero a excepción de Oliver y Marcus, el resto de chicos y chicas que había en el Carrusel esos días eran españoles, del País Vasco para ser exactos.

Iquitos (Amazonas-Peru)

Al igual que hice en el resto de pueblos y ciudades visité su plaza de armas y recorrí las calles del centro. Lo que en otros lugares no hice y en Iquitos sí fue pasear por una especie de malecón o “típico” paseo de playa que en lugar de al mar, daba al río.

Iquitos (Amazonas-Peru)

En ese malecón llamado bulevar, se encuentra el Mercado Artesanal Anaconda, la entrada al Museo Barco Ayapua, también es frecuentado por artesanos que venden sus pulseras o bisuterías hechas a mano etcétera y como no podían faltar, los carritos vendiendo comida y refrescos.

Pasados 4 días y viendo que no conseguíamos ningún trabajo/voluntariado ni nada de turismo vivencial por parte de Jeferson, decidí irme a Leticia para legalizar mi situación con Perú ya que hacía unos 8 días que estaba de ilegal.

Iquitos (Amazonas-Peru)

Así fue que el día que zarpaba el ferri hacia Leticia, me despedí de Marcus, Oliver y el resto de chicos vascos. Conmigo se vino un chico que se llama José, árabe nacido en Alemania que también se encontraba viajando y se dirigía a Brasil.

Perú, Brasil y Colombia en un día.

Ya en el ferri me di cuenta de que mi cámara de fotos no estaba en su lugar. Busqué y rebusqué en ambas mochilas a sabiendas de que si no estaba en la pequeña… es que me la habían robado. Hacía una hora que yo había puesto la cámara en su lugar y de eso estaba segurísimo.

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Le pedí a José que me guardara la mochila grande y volví al Carrusel en busca de la cámara pero nunca apareció. En fin… “ya fue”.

Estando rumbo a Santa Rosa (frontera peruana) conocí a dos chicos argentinos con quienes aparte de compartir unos mates, conversamos en varias ocasiones y jugamos a un juego de adivinar un numero de cuatro cifras bastante entretenido.

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En ese trayecto también conocí a otra Argentina, Sofía. Habiendo llegado a la oficina de Santa Rosa donde sellaríamos la salida del país y, habiéndonos bajado del ferri cada uno por su cuenta (ella sola, los argentinos por su cuenta y José y yo por la nuestra), nos volvimos a encontrar todos en la oficina de extranjería haciendo cola para sellar el pasaporte.

Ahí estuvimos casi una hora esperando y pasadas las nueve abrieron y comenzamos a sellar nuestra salida.

Los argentinos cuyo nombre no logro recordar decidieron irse por su cuenta a Tabatinga (frontera con Brasil) y Sofía, José y yo decidimos pasear un poco por Santa Rosa donde nos tomaríamos un refresquito en un bar antes de cruzar el río Amazonas hacia Tabatinga.

Amazonas

Nuestro plan: Recorrer un poco Tabatinga, irnos a Leticia (frontera con Colombia) y luego José se iría hacia Brasil, Sofía se quedaría en Colombia y yo después de sellar mi entrada y salida de Colombia, regresar a Perú para continuar mi viaje.

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Caminando por Tabatinga decidimos comer en un restaurante donde escuchamos las canciones de un CD que un músico Brasileño le regalo a Sofía en la oficina de extranjería, cuya música reagge era realmente buena.

Después de comer y compartir unos mates que traía consigo Sofía, seguimos paseando por la avenida principal de Tabatinga.

Esa avenida se comparte con Leticia de tal modo que uno puede estar en Leticia y Tabatinga sin salir de un “nucleo urbano”. De ese modo y paseando tranquilamente pudimos pasar de Brasil a Colombia casi sin darnos cuenta.

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Por suerte esa avenida pasa bajo un arco que te da la bienvenida al país que corresponda según de qué lado le miras y pudimos tomarnos unas fotos y ser conscientes de que pasábamos de Brasil a Colombia.

El cambio también se nota en todos los carteles y letreros de los distintos comercios que de repente dejaron de estar en brasileño para estar en castellano.

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También se podía notar la diferencia en las emisoras de radio que algunas tiendas tenían prendida; pudiendo entender lo que se escuchaba en Colombia tanto por parte de los locutores como por las canciones que emitían.

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Después de haber sellado el pasaporte en Colombia (ellos su entrada y yo mi entrada y salida), nos tomamos una cervecita sentados en un bar que estaba junto al puerto donde yo en un rato me montaría en un bote para cruzar de nuevo el Amazonas y volvería a Santa Rosa.

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Tomándonos esa cerveza pude confirmar que el ferri que regresaba a Iquitos salía más o menos a las 6 de la tarde así que sobre las 4 nos despedimos y me monte en uno de los botes.

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De nuevo en la frontera peruana, esperé mi turno para sellar ya que por delante de mí habían dos chicas que más tarde me encontraría en el ferri.

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Con ellas estuve durante ese trayecto hasta llegar a Pebas. Se trata de un pueblito a mitad de camino entre la frontera e Iquitos donde yo quise quedarme para conocer el lugar y tratar de quedarme con alguna familia de alguna comunidad próxima.

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Ese era el principal motivo de mi visita a la selva amazónica y Pebas era un buen lugar porque tenía muchas comunidades cerquita.

Y así fue que llegado el momento, me despedí de las dos chicas (una colombiana y otra Chilena) y me baje en Pebas.

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Al rato de estar sentado en el puerto esperando a que cesara la lluvia fue cuando pensándolo mejor, me di cuenta de lo que había ocurrido ese día; amanecí en Perú, estuve comiendo en Brasil, tomando cervezas en Colombia y pasaría la noche nuevamente en Perú.

Total, ¡3 países en menos de 12 horas!

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¡Hola! me llamo Daniel Ballesteros y soy el autor de Humildad Mochilera.

Actualmente estoy trabajando en un proyecto online a la espera de la próxima temporada de trabajo de Mayo a Septiembre. Con esos ahorros quien sabe cual será el próximo viaje. Por ahora ire publicando lo que fue de mi viaje durante 3 meses por Perú.

Espero que disfrutes leyéndome y ¡muchísimas gracias por visitar el blog!

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