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Duendes, cascadas y Gutiérrez

Estando de pie, sin sitio para sentarnos y seguían montando personas. Yo me preguntaba cual sería el aforo máximo del bus en cuestión o cual sería el concepto de “lleno” que tenían en Argentina.

Entre las personas y las mochilas podríamos decir que el trayecto de Bariloche al Lago Gutiérrez fue el más incomodo de todo un mes de viaje. Pero eso ni lo sabía en ese momento ni me importaba pues en compañía de mis tres nuevas amistades, nos íbamos conociendo a base de preguntas y respuestas mutuamente, esquivando pies y sobacos de las personas que aglomeraban el bus.

Quizá lo peor en esa situación no fuera eso sino el calor… Aun así llegamos a nuestro destino o más bien casi. Aun tendríamos que caminar unos kilómetros.

Lo que más sorprendió del camping fue sus vigilantes, quienes yacían en algunas de las calles del camping velando por la seguridad de todos.

Uno de los vigilantes: Alfredo Flautín de los Bosques

Uno de los vigilantes: Alfredo Flautín de los Bosques

Y una vez más… las vistas al lago hacían del viaje un sueño, de la decisión “quédate con ellos tres días” un acierto. Todos esos colores intensos, la compañía de aves rapaces acechando nuestras sobras, la brisa que del lago se adentraba al camping, la emoción de acampar con gente recién conocida, todo era perfecto.

El vigía

El vigía

Decidimos donde poner las carpas, como ponerlas y como nos organizaríamos. También habría que ir a comprar comida para todos… pero eso sería por la mañana. Recolectamos leña, leña de sobra que luego no sobraría por pirómanos, empezamos a hacer fuego y jugamos al truco, el juego de cartas más jugado en Argentina quizá? Me resulto complicado pero aprendí y jugamos mucho.

Playa al Lago desde el Camping

Playa al Lago desde el Camping

Al igual que jugamos… tomamos mate. Ahí probé mi nueva y sana adicción de la cual a día de hoy ya no me separo. Hervimos arroz con verduras y con eso pasamos el hambre a la hora de cenar.

Los cuatro mosqueteros

Los cuatro mosqueteros la primera noche de acampada

Al día siguiente fuimos a comprar y el par o tres de kilómetros hacia el súper los caminamos Alex y yo, mientras Vale y Juani pues no se qué harían… Al regresar empezamos a hacer asado, un pollo entero y no recuerdo que pesaba el pedazo de ternera, todo ello devorado a lo largo de una hora mientras tomábamos vino.

La verdad es que así escrito no se aprecia lo rico que estaba todo, con su sabor a brasas y la ensalada sin aliñar con apenas sal, jugo de tomate y aceitillo del atún (el vinagre y el aceite pasaron a ser ingredientes de lujo en este viaje).

Comiendo asado y ensalada

Comiendo asado y ensalada

Después del festín, Juani decidió quedarse así que Alex, Vale y yo nos fuimos de paseo por un sendero hacia un mirador cerca del camping. Sendero que nos llevaría a su vez hacia la cascada de los duendes.

Cascada de los Duendes

Cascada de los Duendes

Esta excursión fue muy especial porque nos reímos mucho, Vale consiguió pasar por un sitio casi imposible y aguantando un ataque de risa que impedía cualquier movimiento razonable… y especial también porque fuimos en compañía de una perrita sin duda la mejor de la región, Bahía, quien nos acompañó y escoltó hasta la cima del mirador.

Bahía

Bahía

Durante el camino fuimos pisando polvo y ceniza que meses atrás llovió a causa de la erupción del volcán Osorno.

Estando arriba las vistas del lago y las montañas colindantes cambiaron mi perspectiva de los pirineos. Pensar que lo que estaba viendo eran montañas pequeñas de una cordillera cuya longitud supera los 7200km de largo… digamos que los pirineos son una mera maqueta! Bonita pero pequeña!

Vistas del lago desde lo alto del mirador

Vistas del lago desde lo alto del mirador

Esa noche al llegar al camping, cenamos el resto de asado que sobró a medio día y tomamos cerveza hasta que el sueño pudo más que nuestras ganas de quemar leña. Disfrutamos de nuestra última noche puesto que a la mañana siguiente volvíamos a Bariloche, ellos se volverían a Neuquén en bus y yo… Esa noche no sabía que haría al día siguiente, ni lo supe tampoco esa misma mañana mientras desmontábamos el chiringuito.

Mochileros de espaldas

Esta foto la puse ya en el post anterior pero fue aquí de vuelta a Bariloche cuando la tomé

Deshicimos el camino de vuelta con todo a hombros y una vez en Bariloche… tocaba despedirnos, me invitaron a un sándwich a la Milanesa y tras unos abrazos tuvieron que subirse al bus quedando yo de pie, mochila en la espalda, milanesa en mano y mirando cómo se alejaban.

Alex y Vale contemplando el paisaje

Alex y Vale contemplando el paisaje

Fin de una etapa e inicio de otra… me senté a comer y a decidir si me iba haciendo dedo o en transporte público. Me decante por hacer dedo así que en un bus que iba hacia Lago Gutiérrez (otra vez), fui hasta la rotonda de la Ruta 40 y ahí bajo un sol de medio día, aguarde a que la suerte me levantara de nuevo dirección a Bolsón.

 

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¡Hola! me llamo Daniel Ballesteros y soy el autor de Humildad Mochilera.

Actualmente estoy organizando un viaje de 15 días por Islandia en Mayo. En octubre me iré a Senegal para un voluntariado en una reserva de grandes mamíferos y con suerte comenzaremos un proyecto de voluntariados que me dará la oportunidad de viajar por el continente Africano!

Espero que disfrutes leyéndome y ¡Muchísimas gracias por visitar el blog!

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